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El sentido de la vida

  • periodicogisol
  • 7 mar 2022
  • 4 Min. de lectura

Escrito por Renata

“La vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias, sino por la falta de propósito y significado” – V.F.

Conocer o saber el sentido que tiene nuestra existencia, es un proceso que va desarrollándose conforme vamos creciendo y teniendo distintas experiencias. Es importante reconocer que, como todo proceso, tiene altas y bajas, y está lleno de impermanencia. En este escrito comparto el sentido que considero tiene mi vida o ha tenido, desde que puedo recordarlo. Para ello se realizó una lectura previa del libro “El hombre en busca del sentido”, de Victor Frankl. Lo cual llevo a poder realizar un análisis profundo de como las personas le vamos dando valor, significado y sentido a la existencia, partiendo del contexto y vivencias que experimentamos.

Para iniciar me gustaría compartir un poco de quien soy yo y como es que percibo el mundo que me rodea. Tengo 25 años, nací en Mazatlán, Sinaloa. Una ciudad sumamente cálida no sólo en cuestiones de clima, sino de su gente. Lo que ha influido en mi forma de conectar con las demás personas. Soy la segunda de cinco hermanes, con quienes he aprendido el significado que tiene compartir, decidir que batallas valen la pena pelear, saber que es explotar de enojo, pero también que es amar a alguien incondicionalmente y que lo que es tener a alguien en quien apoyarte sin importar las circunstancias. Soy hija de padres amorosamente divorciados, y digo amorosamente, ya que la relación entre ellos es de mucho acompañamiento, lo cual me ha permitido reconocer el distanciamiento en las relaciones, como un proceso de crecimiento y apertura al mundo (claro que no siempre fue así).

Desde niña he amado el tema educativo. Desde ocupar roles de maestra o hermana grande; en cada juego, hasta estudiar Lic. En Innovaciones Educativas. Lo que me llevo a descubrir parte de mi sentido de vida, puesto que, gracias a la

experiencia universitaria, me di cuenta de que cualquier actividad en la que esté involucrada debe estar enfocada en el servicio a los demás, buscando el bienestar colectivo. Es aquí donde concuerdo con Victor F. respecto a que nosotres construimos nuestro propósito de vida cuando ponemos al servicio de los demás nuestros talentos y habilidades. Es ahí donde percibimos que nuestro esfuerzo vale la pena.

Hace poco, en clase nos hicieron una pregunta, “¿Qué me hace feliz?” tres años atrás muy probablemente hubiera contestado “Conseguir un trabajo en una empresa internacionalmente reconocida”, “viajar a otros países”, y aunque hoy eso sigue siendo parte de mis intereses, hoy cambiaría la pregunta a ¿Qué me trae ecuanimidad?

Estos últimos años me han llevado a reconocer y sentir, felicidad y paz en una taza de café, en subir montañas, en un abrazo, en una tarde con mis amigues, en una entrevista de reclutamiento, en un día con la familia, en el trabajo… Hoy sé que mi felicidad reside en la cotidianidad. Antes creía que era algo que estaba por venir, y aunque claramente no todo el tiempo siento esta certeza, trato de encontrar la magia en el día a día.

Mi intensión no es romantizar la existencia, pues sé que bajo ciertos contextos, la cotidianidad es limitante, dolorosa, violenta… Simplemente quiero reconocer la situación en la que me encuentro que me permite contemplar, agradecer y dar espacio a lo que la vida me ha otorgado. Me gustaría puntualizar, como es que V. Frankl, nos habla de que el humor, el arte, el amor, son actos que podemos generar bajo cualquier circunstancia, contemplando que merece la pena vivir. El sentido de la vida está en los actos cotidianos, sólo hay que encontrarlo.

Otro aprendizaje que tuve al leer el libro, tiene que ver con la importancia no sólo de cuestionar nuestra existencia, sino de cuestionar aquello que creemos que nos mantiene vivos. Cuando Victor F. Se da cuenta que a pesar de todos los años de estudio, de todo lo que siempre había creído que es necesario para vivir, se vuelve insignificante, al estar en una situación como lo es un campo de concentración. Me llevo a pensar en todas la creencias, juicios, ideas que creemos

le da sentido a nuestra existencia, pero en realidad son limitantes que nos hemos puesto en el camino.

Al hablar de sentido de vida, hablamos de dirección. Es decir, ¿Hacía dónde estoy moviéndome? ¿Cómo me hablo? ¿Mis decisiones del día a día están siendo coherentes con lo que digo? En este libro descubrí que Victor F. Es un claro ejemplo de la congruencia. Una de sus pasiones y sentidos de vida era ser psicoterapeuta y eso no sólo lo llevo a crear una nueva rama de la terapia, sino que verdaderamente internalizo y practico esas creencias que le salvaron la vida.

Hoy sé que mi sentido de vida es vivir esta experiencia humana en su totalidad, amando todo lo que me rodea, confiando en el proceso de la vida. Pero también soy consciente y me fascina la idea, de que esté sentido irá cambiando, así como lo ha hecho a lo largo de los años, de acuerdo a las experiencias y vivencias que vaya teniendo.

Hoy sé que soy una mujer en constante transformación, en búsqueda de la ecuanimidad y la aventura. Amante del aprendizaje y la conexión con lo que me rodea. Y en esos momentos en los que el proceso me lleva a uno de los picos más bajos, saber que me tengo a mi, que nada es permanente y que debo confiar en el proceso, me permite mantenerme cercana a ese flexible sentido de vida.

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